Opinion

Miguel Andreis: De aviones siniestros y recurrentes

Vuelos de la muerte…

Cuando la pasada semana se conocieron las peripecias de un avión iraní con 18 tripulantes, 12 o 13 de ellos venezolanos, todas las antenas de alerta se erizaron, menos las de los responsables de la seguridad nacional. Hasta llevan a la sospecha de cierta cobertura proteccionista. Luego aparecerían los nombres de varios de ellos buscados por organismos internacionales acusados de ser terroristas iraníes. Lo demás es conocido. Ni Paraguay, ni Uruguay ni Brasil los había recibido en su territorio. Recordé una cobertura que hicimos en un intento de investigación en Ciudad del Este en marzo de 2009. Solamente como una guía comparativa y descriptiva. Aviones con estas características, en ese espacio tripartito, son casi una constante…  

(Cobertura especial para EL REGIONAL desde el Paraguay- Marzo 2009)

“Ciudad del Este”:

¿Centro financiero de los grupos islámicos?

Una puerta al Medio Oriente en Latinoamérica…

Por: Miguel Andreis

En Asunción (de Paraguay) ni el Mundial Sub-20 movilizó adeptos al más popular de los deportes del mundo. Cuesta encontrar un lugar donde tomar algo apenas pasada la medianoche. Es sábado y estamos en pleno centro de Ciudad del Este… La recomendación dada por el conserje del hotel fue: “No se alejen demasiado”. En las esquinas, casi niñas, esperan a algún cliente que les salve la noche. Tienen una particular belleza y una  mirada que conmueve. Es otro país. La asimetría social, choca. Las armas de gran porte en manos civiles paralizan. Charcos de aire fresco se escapan de los hoteles. Todo huele a misterio. A miedo.

Quien nos entregaría el nombre del “contacto” en Ciudad del Este, demora en arribar. Se presenta y estira su mano mojada de transpiración. No perdió su tonada cordobesa. Se sienta y elabora un croquis (casi indescifrable) y escribe el nombre: Omar. Con “H” agrega.. Ése hombre sería la referencia… Nos indica reiteradamente ¡¡cuidado!!: “Miren que allí no hay a quién recurrir”. Bebe su segundo jugo de frutas y deja saludos para sus familiares de la Docta. Alude a los iraníes y su fundamentalismo. “Estos ya están por toda América” monitorea con su voz…

Partimos de Asunción cerca de las 9. El sol ya hería; hay que cubrir 400 kilómetros, en rutas que juegan a la escondidas entre una selva estéticamente formidable… Debíamos cruzar gran parte de un país al que tiranías políticas; guerras que lo diezmaron, intereses mafiosos, sumados a una expoliación interior y exterior por fuerzas extranjeras, parece haberlo detenido en varias décadas atrás. El hambre de millones contrasta con la opulencia de una minoría. Eso parece importar poco.

El calor y la humedad son una constante, más cuando se avanza en zona selvática. Los peajes, extremadamente costosos si se los compara con los argentinos. Alcanzar la mítica Triple Frontera nos lleva varias horas de viaje.

La idea era elaborar un concepto propio sobre lo que tanto se habla: la instalación de los marines norteamericanos en ese punto; y cuánto de verdad encierran las versiones sobre las operaciones comerciales que allí ejercerían representantes del Hezbollá, Al Qaeda o Hama´s… Parte del terrorismo más temido del mundo… 

La Triple Frontera

Sitio que en pocos kilómetros contiene miles de millones de metros cúbicos de agua potable de diferentes afluentes de ríos. Una riqueza natural superlativa, casi triangularmente se enclavan la paraguaya Ciudad del Este  (fundada en 1957); Foz de Yguazú (Brasil) y, algo más alejado, Puerto Iguazú (Argentina).

Un sitio estratégico en la geopolítica internacional, según lo escrito, entre otros, por la Secretaria de Estado de Estados Unidos, Condoleezza Rice. En la pasada década del ´80, el ex jefe de inteligencia de EE.UU., John Negroponte, comenzó a insistir con que esa zona selvática era centro de operaciones financieras del “terrorismo islámico”. ¿Son los recursos hídricos los verdaderos intereses que le atribuyen al país del Norte? ¿La instalación de marines operando responde a tales propósitos? Después sabríamos que la trastienda es convertir a dicho territorio, libre de cualquier control. Allí, todo lo que tenga que ver con la muerte es tan posible como válido.

En cada cuadra una o dos personas civiles fuertemente armadas

Arribamos a Ciudad del Este a media tarde del domingo. Todos los antecedentes que fuimos acumulando no reflejaban ni lejanamente lo que era dicha urbe un día feriado. Se dibujaba como patética. Casi desierta de vida humana y atiborrada de negocios opacos y grises que invadían las arterias.

La búsqueda de un hotel, con algunas condiciones mínimas de confortabilidad, nos movilizó de un lado a otro. Una extraña sensación de temor nos fue invadiendo cuando comenzamos a descubrir cuadra a cuadra, personas portando armas largas (modernas ametralladoras e Itakas), colgando de sus hombros cintas con cartuchos y balas; unos pocos extrañamente uniformados, los demás de civil con chaquetas que indicaban en sus espaldas algo así “Seguridad privada”. Nos rememoró viejos tiempos de Argentina. ¿Qué sentido tenía tantas armas? ¿Qué es lo que custodian tan celosamente?

Hallamos varias jovencitas con un especie de turbantes en la cabeza, iban rumbo -luego nos explicaron- a una de las mezquitas. Habría varios de esos templos.

Recordamos aquello de que allí la ley es una utopía. “Cuídense, miren que no hay a quien recurrir”. Por ejemplo, robar e inscribir como propio un vehículo en otro poblado nos es problema alguno. Diríamos que una constante. Lo llaman “Guao” Bastará trasladarse hasta un pueblo vecino y en ese condado el rodado pasará a ser del portador. Luego lo publicitan en diarios para su venta, bajo un código que los identifica, queda en claro que son unidades que no se las pueden cruzar las fronteras. Bien, cruzan igualmente

Los cruces

Uno de los periódicos con el que se informan en el lugar cuestionaba severamente al cónsul brasileño Fernando Cruz de Mello “por calumniar internacionalmente a nuestra ciudad”. Había dicho que “allí sólo existe la piratería; contrabando de armas y estupefacientes, que nadie trabaja honestamente”. En el hotel apenas nos solicitaron nombre y apellido pero ninguna documentación. La población se estima en algo más de 20 mil personas. Posteriormente nos aclaran que esa cifra es oscilante. Uno de los conserjes nos indica que saquemos el cartel de “Prensa” del vehículo. “Aquí no se quiere a los periodistas ni a los que preguntan demasiado. Y guárdenlo en la cochera para evitar malos ratos”. Y subrayó: “Ojo, en estos lugares no existe la justicia que ustedes conocen… los arreglos son más simple y fatales”

La aduana algo más rigurosa es la argentina. En las otras, apenas un formulismo burocrático absolutamente ineficaz para la función creada. Todo se puede pasar, coima mediante.

En la televisión por cable, cinco canales donde se habla en árabe

La habitación era con televisor y aire acondicionado. El ventilador refrescaba más. Si los hombres armados nos habían intimidado; encontrarse en la pantalla chica con cinco canales hablando árabe o traduciendo (subtitulando) debates y otras propuestas de Medio Oriente en esa lengua, sonaba más que extraño.

Desde hace años, para los argentinos, todo lo que diga o haga Estados Unidos suena a distorsión de la realidad. A falacia. No obstante, ese sitio debe ser único en Latinoamérica. Patéticamente único. Habían encontrado argumentos para instalar unos mil quinientos marines. La cobertura del terrorismo islámico es una cruda realidad.

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A pocas cuadras del hotel está la aduana. Ya entrado el sol salimos en busca de algún alimento. No hay negocio abierto. La iluminación es escasa y las calles olvidadas de arreglos. Luego de varias vueltas, hallamos algo similar a un rotisería-heladería- cafetería. Las mesas eran ocupadas por algunas parejas. Solicitamos un par de hamburguesas. Mientras esperábamos, un ratón, de respetable tamaño, ingresó por una entonada puerta de vidrio. La dueña del local ni se inmutó cuando le señalamos el visitante. Debió ser un “cliente” habitué del lugar. Nunca sentí tanto asco por una hamburguesa, pero no había otra cosa.

En distintas frecuencias podía apreciarse ritos islámicos. Cambiamos de canal y en uno repetían  terroríficas imágenes de Irak. Esas puestas en escenas no son parte de la información que nos llega cotidianamente.

Lunes. A las 8 en punto estábamos desayunando dispuestos a buscar a Omar (con H).en una enorme feria techada – luego nos indican que se las techa para no ser identificados por los satélites- Tiene una casa de artículos electrónicos y yerbas ocultas. Ocupa una media manzana. La noche anterior, un argentino, que forzadamente se radicó allí hace una década huyendo de la justicia nacional, nos comentó en voz baja que aquel punto, “es una generadora de dinero para grupos islámicos como Hez bolla, Hama´s y tal vez Al Qaeda”. Y señala a  Assad Ahmad Barakat, como el hombre del poder recaudatorio.

Era otra ciudad. Miles y miles de hormigas con formas de  personas tomaron comercialmente hasta el último metro cuadrado. Todos los idiomas habitan allí.  Se puede contar por cientos las tiendas de libaneses, sirios y chinos, no obstante. El poder central es elementalmente Iraní. Todo es válido mientras no se rompan sus códigos. Drogas y armas es materia corriente Allí se puede “tranzar” desde equipos electrónicos, cigarrillos y whiskies, topadoras o submarinos. Solo será necesario encontrar el contacto que acerque las partes.

Con un mapa de infantil dibujo en mano, comenzamos a dar vueltas. Nada simple. Los negocios, comercios multiplicados en ofertas se extienden a lo largo de todas las veredas. Las galerías son interminables. Laberintos de voces  Los aires acondicionados licuan un olor indescifrable. Los hombres armados se multiplicaron. Cerca de la una de la tarde, y unas mil vueltas, en esos laberintos dimos con Omar. Ni sonrió cuando nos presentamos. Pedimos precio por una cámara. Había que entrar en conversación. Percibí que nos olfateo. Inmutable. . Cuando le explicamos el motivo de la visita y quién nos había dado su nombre, levantó sus anteojos y nos clavó unos ojos negros como de lobo enfurecido. Manejaba un aceptable español. Sin entusiasmo alguno nos muestra una cámara fotográfica digital (que debimos comprar y aún hoy no podemos hacer funcionar), miró para todos lados y escuchó las preguntas, sobre si en el lugar había marines norteamericanos,  sintetizó con el ceño fruncido la respuesta: “Es verdad, aquí, en la zona selvática hay marines norteamericanos, unos mil quinientos. De los demás (por los grupos terroristas- sentenció, no hablo. Ustedes no me garantizan nada. No sé quiénes son o qué buscan. No creemos en el periodismo”. Insistimos -con indisimulado recelo, una seña de él hacía dos hombres delgados de oscura y tupida barba- nos amedrentó. sobre cuánto de cierto hay en que ese punto se generan recursos para el Hezbolá, Hamas ó  Al Qaeda. No nos baja la vista ni disimula su molestia. Levantó la voz con ínfulas  de convicción arrojándonos: “Las guerras se sostienen con dinero… si sale de aquí o no, no lo sé. En este lugar, también estamos en guerra…”. Ya no era necesario más. Algo de razón tenía, las guerras se sostienen con dinero… y Ciudad del Este es una urbe muy particular que aporta grandes, exponenciales cantidades de dinero y material bélico para los grupos armados del Medio Oriente.

Pasamos a media cuadra de uno de los hoteles más lujosos, pertenecía en vida al actor Omar Shariff. Punto de reunión obligado de las grandes transacciones.

El regreso fue apurado y cargado de temor. No retiramos las pocas cosas que teníamos en nuestro alojamiento. El apuro podía más… Pensé en los atentados de la AMMIA y de la Embajada Israelita. No sé por qué supuse que esas tragedias podrían repetirse y continuar en la impunidad…

 

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