Opinion

MIGUEL ANDREIS| Cuarta de Gill… el hombre de licencias sin rubores

Y nadie se puso colorado…

Escribe: Miguel Andreis

Este Jueves 24, luego de una tediosa, extensa y repetida puesta en escena en el Concejo Deliberante, donde en la sesión, el libreto se repitió por cuarta vez, se le otorgó una nueva  licencia al “fugitivo”  intendente electo Martín Gill. La cuarta.

Siete  ediles por el oficialismo  levantaron las manos  acordando la  continuidad del Lord en las mismas oficinas que habitaron Julio De Vido y el campeón mundial de lanzamientos de bolsos, Josesito López.  Impunes de toda impunidad. Entre los citados se encuentran, como era de esperarse, el acompañamiento de los representantes del Accastellismo, bajo el nombre de “Somos”, como Daniel López y Juan Carlos Cladera, políticos  que jamás integrarán un cuadro de honor por los aportes hechos a la ciudad. Lo que permitió que el Presidente de los legisladores locales, Dr. Carlos De Falco, anunciara que el electo jefe comunal podría quedarse seis más en tierras capitalinas.  Atrás quedaron los montajes sociales  de apoyo, como las publicidades sobre los millonarios fondos que llegarán  a la Villa desde dicho Ministerio para futuras obras, el uso publicitario de las vacunas, etc.   ¿? Se acabó el festival de las simulaciones y astucias para las imposturas. La retórica fue  centrándose en dos laderas, una,  en lo estrictamente Jurídico  de la COM y otro, incomprensiblemente, en lo que está haciendo  el gobierno nacional.

Nada sorprendente, nada innovador. Podría decirse que nada genuino. Todo pareció ver una película que la pasan por cuarta vez. Y el final que no cambia. Dos o tres alocuciones con algunos rasgos de racionalidad, lo demás paupérrimo y propio de tintes ideológicos que se alejaban del más elemental concepto que se debatía. Se  terminó juzgando los gobiernos nacionales. Demasiados flancos de  ambos lados

¿¡Conocés a quién maneja el dinero de la ciudad!?

Vale preguntarse sobre la importancia de un factor que casi no se abordó. En realidad nunca en los pedidos anteriores se trató aunque es preciso remarcar que su  importancia es exponencial, tampoco se lo hizo en esta oportunidad. A qué nos referimos. A la más elemental inquisición  ¿Qué es un intendente? En todo caso y para simplificar en abordaje serio, debemos decir que un Intendente es quien tiene la responsabilidad de manejar los fondos públicos que recauda la comuna, de trasladar un liderazgo, la credibilidad social; la interpretación de lo que piensa y necesita el ciudadano. Eso y muchos ítems más. Por ejemplo las proyecciones de las obras y las de hacer cumplir las leyes vigentes, por su parte, los Concejales deben  legislar para que todo quede dentro del marco de la ley local, léase Carta Orgánica Municipal.  Hubiese sido de alto valor informativo  el explicar  que el presupuesto que tiene el Intendente (cuasi de facto)  Pablo Rosso,  que usando todos los artilugios que se permiten las mayorías “democráticas” continúa al mando de la ciudad ya, por dos años, sostiene bajo su potestad, entiéndase manejo: 2.700 millones de pesos (o algo más) anuales. Leyó bien. Es decir, que los ciudadanos, los contribuyentes  de la ciudad, a través de los concejales oficialistas,  le hemos entregado a alguien que no nos representa, que no fue votado para el cargo, una millonaria cifra que dos años alcanza  más de cinco mil millones de pesos. Una acción propia de las dictaduras, que no precisaban de mayorías.

Siguiendo las líneas de las incógnitas, observamos preocupados: ¿¡ Nos interesa y en todo caso, cuánto nos preocupa a los villamarienses  que al  citado concejal se le entregue dicha exponencial cifra? ¿Tenemos conciencia de lo que implica entregar el mandato de una ciudad de 100 mil habitantes y lo que se puede hacer con una caja superavitaria de la Municipalidad como dijo recientemente  la Contadora Daniela Lucarelli?

Se podrán continuar debatiendo leyes y predominios de manos levantadas en una recinto, donde precisamente no encandilan la luces de la democracia y mucho menos las del sentido común… estamos transitando una de las peores etapas de la historia del país, las instituciones cada vez más anómicas y atrofiadas, a punto que todo lo que acontece nos permite  sospechar que el sistema democrático que nos contiene, ya no es tan democrático y mucho menos justo, pero además da la impresión de  padecer una enfermedad terminal. No obstante, se continúa avalando en nombre de las urnas las acciones más irracionales y degradantes. ¿No hubiese sido más fácil y moralmente ético  el llamar a elecciones?

Posiblemente Martín Gill, en este laberinto de huidas, regrese en no demasiado tiempo con un quinto pedido de licencia, en el posible caso,  para desembarcar en Córdoba tras una candidatura provincial.  En el fondo no deja de ser un soldado del Kirchnerismo dispuesto al “vamos por todo”.

GRC
Author: GRC

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