Opinion

El cristinismo, de la impotencia a la radicalización

La Nación, Sergio SuppoEl  tiempo acrecienta la gravedad y también el ridículo de aquella reunión del 7 de diciembre de 2021 entre los cuatro ministros de la Corte Suprema y el ministro de Justicia de la Nación. Aquella mañana, Martín Soria agotó su media hora de fama con una perorata de agravios, chicanas y acusaciones.

La foto oficial que se difundió del encuentro muestra al funcionario sentado frente al cuarteto de jueces, más como un alumno que está a punto de ser examinado por un tribunal de profesores que como un enviado del poder político a formalizar una declaración de guerra.

Esa era la pretensión de Soria que, en nombre de la obediencia del Presidente e impulsado por la desesperación de la vicepresidenta, fue al Palacio de Tribunales como el embajador de un país a punto de disparar el primer cañonazo.

«Cristina Kirchner logra convertir en actos políticos la desesperación que le provoca su situación procesal»

El propio Soria se encargó de difundir su diatriba para que sus mandantes pudieran corroborar que había cumplido su misión. Los jueces callaron ante Soria, inmutables como estatuas. Y luego se encargaron de hacer tres cosas. Hicieron público esa misma tarde un fallo que condenó a la Nación a pagar una suma multimillonaria a la provincia de Santa Fe. Informaron que las palabras del ministro no habían requerido de respuesta ya que “no planteó ningún caso concreto”, según precisó el presidente de la Corte, Horacio Rosatti. Y, por último, el tribunal dio a conocer un informe con el que refutó las acusaciones de lentitud y demora en la resolución de las causas.

Un mes y medio después, aquel desafío devenido en paso de comedia italiana recupera todo su significado.

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