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Adiós a un señor de las bandejas: murió Máximo Acosta, el primer DJ de Kabranca

Este martes se conoció la dolorosa noticia de la muerte de Máximo Acosta, uno de los DJ precursores en Villa María y la región. Desde finales de los 70 y los años 80 supo deleitar a varias generaciones con su toque mágico de sus bandejas en las pistas de los boliches más conocidos. Además de musicalizar varias pistas locales, fue el primero en musicalizar la recordada Kabranca. Influyó en varios jóvenes que por entonces abrazaron también el rubro con pasión y deleite.

Marcos Markariani, también reconocido DJ de la ciudad, supo ser uno de los compañeros de aventuras en el rubro de la musicalización y esta partida no le es ajena. Así lo evocaba: “A Máximo lo conocí allá por el año 1985, yo era un pibe, pero Máximo ya era todo un referente del rubro.

En el 86 u 87 abrieron una disquería en lo que es el Paseo de la Villa, Pelikan Discos, desde ahí nos hicimos muy amigos y socios, en lo que era un innovador negocio como grabar cassettes y vender discos. A diferencia de otras disquerías, traían material importado, de avanzada para la época.

Estuvimos como una dupla musicalizadora unos 10 años, yendo de ronda por toda la zona, Pozo del Molle, La Carlota, Justiniano Posse, La Playosa, entre otros varios lugares. Compartíamos la cabina, largos viajes y kilómetros. Se ha ido una gran persona, un padre para mí, un gran amigo, además de confidente. Y no es porque se nos fue que digo ésto. Eso y más era Máximo.”

Un maestro para varios…

Hay una segunda generación de Dee Jays en la ciudad y la región que lo tuvieron como referente, era un exquisito melómano, un musicalizador como pocos, daba gusto apreciar su destreza. “Pablo Beltrán, Negro Rivadera, Diego Orlando, Peluche, Sebastián Chavo, tenemos un poquito del ADN de Máximo porque era todo un referente. A muchos le abrió las puertas del magnífico mundo de los DJ´s”, destacó Markariani.

“En el 2018, cuando Máximo cumplió 70 años, junto a muchos de sus familiares en Misiones, porque se había criado allá de chico, y ahí tenía gran parte de su familia, viajamos juntos y se le hizo una gran fiesta sorpresa que disfrutó muchísimo.

Se jugaba un clásico entre Boca y River, y como el gran bostero que era, incluso pertenecía a la Peña Boquense, al otro día no me despertó para ver el partido, y no me quería decir el resultado y me tuvo una hora dando vueltas, para contarme cómo había salido el marcador” recuerda emocionado Marcos.

Por un instante, las luces de la pista se apagan, esa música que nos deleitaba los fines de semana o en algún evento queda como un recuerdo imborrable. Si Máximo Acosta llevó su magia con las bandejas consigo, seguramente al cielo está de fiesta. No lo dudamos.

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