En su columna de La Mañana Informal, el empresario e historiador César Imbellone abordó aspectos poco conocidos de la vida de José de San Martín, proponiendo una lectura alternativa sobre su vínculo con las corrientes de pensamiento de su época. Según explicó, lejos de haber sido masón, el Libertador mantuvo una fuerte conexión con los ideales de la Orden del Temple, lo que marcó su cosmovisión política y espiritual.
Imbellone señaló que su oposición a Bernardino Rivadavia, así como su postura liberal y cristiana, lo distanciaron de la masonería y lo acercaron a valores templarios. En esa línea, recordó el simbolismo de su sable curvo, una elección que, más allá de lo militar, representaba una forma de entrega y que posteriormente cedió a Juan Manuel de Rosas como gesto político.
Asimismo, remarcó que la Logia Lautaro no debe entenderse como una logia masónica, sino como una escuela de conocimiento y formación política destinada a consolidar los ideales republicanos en América.
El otro Sargento Cabral
Otro dato poco difundido que Imbellone rescató es que, además del célebre Sargento Cabral, existió otro soldado que salvó la vida del General San Martín. En la Batalla de Arjonilla, en tierras andaluzas, San Martín estuvo a punto de perder la vida cuando quedó rodeado por fuerzas francesas, pero fue rescatado por el soldado Juan de Dios, cuya valentía lo convirtió en héroe del pueblo arjonillero: derribó a un enemigo de su caballo, luchó con otros dos y hasta se interpuso como escudo humano para proteger a su jefe. Su acción permitió salvar al futuro Libertador, quien fue ascendido a Capitán tras ese combate, mientras que Juan de Dios recibió una condecoración y quedó en la memoria como el primer hombre en arriesgarlo todo por la vida de San Martín.
Finalmente, el columnista evocó el difícil vínculo con Rivadavia, quien dejó a San Martín sin recursos y obstaculizó la repatriación de su cuerpo, hasta su sepultura en la bóveda de Godofredo de Bullón, cercana a otros integrantes que, en vida, estaban ligados a los ideales templarios, reforzando así esta impronta en la memoria del prócer.