Opinion

MIGUEL ANDREIS| Salón de los Deportes: Cuando la vil moneda tapa el Alzheimer gobernantes y pueblo…

Esta semana se terminó de concretar otra puñalada a la historia y la cultura de la ciudad. Se consolidó, es decir, llegó a su fin la operación inmobiliaria donde el municipio, sin el menor atisbo de identidad de terruño, terminó entregando el Salón de los Deportes a empresarios privados a cambio de otro salón en territorio de la UNVM. Por lo pronto, ya la allí construcción enclavada no pertenece más a la ciudad. Por encima de todos los protocolos que se nos quiera mostrar, será la casa de Altos Estudios la que detentará la potestad de su uso. El gobierno municipal que encabeza el huidizo Martín Gill un día se irá –paradoja porque ya se fue- con un pedazo enorme de historia local pasada a manos privadas. Una amputación más  a las vísceras que nos conformaron como ciudad.  Posiblemente el lord creerá que ganó la partida y, si se trata de lo económico, quizás que razones no le falten. Ellos ganaron, funcionarios y empresarios. No la ciudad. Para el hombre que llegó al Sillón de Viñas bajó un tinte de moralidad y ética, esas premisas quedaron vaya a saber en qué desértico camino de convicciones.

Unos y otros, hablo del poder, montaron unas de las farsas más vergonzosas en virtud de convencer a la ciudadanía que estaban haciendo crecer la urbe. Muchos ligados a las distintas disciplinas deportivas se prestaron de la forma más abyecta como respaldo a la iniciativa. También la imagen de algunos concejales quedará dentro de esa perspectiva de complicidad.  Lástima y vergüenza por el mismo precio.

Se no dice que el Salón construido es un buen logro arquitectónico. Y tal vez lo sea.  Lo doloroso es que olvidamos todo lo que significó el antiguo  Salón para el ejido histórico y cultural. Por años, muchas décadas se trató del lugar de convocatoria por antonomasia del llamado a multitudes, ya sea por el boxeo o el basquetbol… patín y decenas más. Por allí quedarán las gradas con sus retumbos silenciosos de cuando el Gringo Humberto Ghiotti llenaba, o cuando el “Gustavo” le ponía la sutiliza de su estilo u el techo parecía levantarse. Y Monta esperándonos a la salida con las milanesas cargadas de  savora y tinto  que soltaba la algarabía de esas noches de teatro  con guantes.

O antes, cuando la ciudad y la región encontraban allí verduras y frutas, con el dialecto de los gallegos e italianos ofreciendo sus productos. También fue un punto de comercio relevante. O los chicos que íbamos a la  obligatoria gimnasia que nos imponían los colegios.

Ni los que vendieron ni los que compraron les interesó la historia que eso encerraba. Vendrán maquinarias con hombres de cascos amarillos y dentro de un año o dos, con algunos ladrillos en el frente como para decirnos que no se olvidaron del pasado, nos mostrarán que todo cambia. Que son el progreso. Que les dará un nuevo presente a la ciudad. Y seguramente deberemos escuchar a Gill con su dialéctica de sofisma y ahora parte de un autoritarismo sin fronteras, intentando convencernos que ni la historia ni la cultura son importantes. La falacia y los intereses económicos ganaron la batalla. Soldados no les faltan.

Por el momento no lograron el mismo final o peor, con la Placita Ocampo, pero a no descartarlo, como negocio para sus bolsillos puede ser muy apetecible.

No se logró el inescrupuloso trueque  porque un grupo de Vecinos Autoconvocados, con cierto grado de locura se atrevieron a pelear y confrontar con el poder, por nuestra historia y nuestra cultura. Vale preguntarse… Viendo de la manera que nuevamente el municipio la está reacondicionando  ¿Si la Placita  ya no servía para nada, para qué la restauran? ¿De  golpe volvió a adquirir funcionalidad para que juegue Alumni? … Lástima, no despertamos cuando nos vacunaron con el Viejo Salón de los Deportes… Legalmente es tarde… demasiada impunidad no la tapa cualquier pala. Hasta siempre dilecto y apreciado Salón… La vil moneda tapa el Alzheimer de los pueblos.

Escribe: Miguel Andreis

GRC
Author: GRC

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