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De Joaquín Sabina a Pimpinela y de Carlos Gardel a Cacho Castaña: siete canciones exitosas que tuvieron una segunda parte que muy pocos conocen

La tentación de continuar un éxito no es fácil de resistir. Y más cuando es el público quien celebra el original y pide explicaciones sobre la continuación de cada historia. El rock, el tango, las baladas, todos los géneros cayeron en la tentación, ofreciendo una serie de anécdotas en torno a cada creación, que son tanto o más interesantes que el tema en sí mismo. Esta es una selección de algunos de los artistas en español más destacados, que en algún momento de su carrera apelaron al recurso. Algunos por voluntad propia y otros porque no les quedó otra.

Joaquín Sabina: las dos caras de una misma moneda

Aunque publicada hace más de veinte años, “19 días y 500 noches” caló tan hondo entre los fans de Joaquín Sabina que todavía hoy es parte esencial de sus shows. Su amigo y compositor Benjamín Prado imaginó cómo sería aquella historia de ruptura contada desde el punto de vista de la dama.

Travis Birds le puso voz y el tema se presentó en 2020 con importante repercusión. Según cuenta el autor, a Sabina no le gustó nada la idea en un principio pero después terminó dando su bendición al proyecto. Un simpático “lado B” donde el cantautor -que según la letra “ve a Dios retratado al mirarse al espejo- no queda tan bien parado como en su versión.

Pimpinela: la venganza es un plato que se sirve frío

Entre los numerosos melodramas de infidelidad que tienen a Pimpinela como protagonista, hubo una canción en colaboración con Dyango, en la que los códigos masculinos de amistad se rompían por el amor a una mujer. El giro final de la canción “Ese hombre” no terminó con la cara de sorpresa del traicionado, sino que tuvo continuación algunos años después, cuando el personaje de Lucía decidió dejar también a su nuevo amor y los dos amigos se volvieron a encontrar.

Viuda e hijas de Roque Enroll: Una historia de amor en tres tiempos

Este caso es más complejo, porque “Hawaian Twist” se podría entender casi como una saga. La primera parte se incluyó en el disco debut de Viuda e hijas de Roque Enroll y quedó opacado por clásicos como “Bikini a lunares amarillo” o “Lollipop”. El álbum Ciudad Catrúnica (1985) colocó la continuación de la historia entre los temas más escuchados gracias a aquel estribillo de “No me marques más, no me mires más con tu cara de baboso”.

Sin embargo pocos saben que hubo un cierre en 2007, donde aquel muchacho con “vocación de guardabosques” efectivamente se radicó en Bariloche. Y es allí donde se produjo el reencuentro definitivo. Hasta ahora.

Carlos Gardel: la salud ante todo

Antes de las redes sociales, los mails y la inmediatez como mandato, los fans tenían las mismas dudas que ahora, que se resolvían por carta y con tiempo. En 1932, Celedonio Flores y Francisco Pracánico compusieron el tango “Si se salva el pibe”, que al año siguiente popularizó Carlos Gardel. Se trataba de la lacrimógena historia de un nene que había tenido un accidente y los planes felices que haría su familia si se salvaba de morir.

El problema fue que la canción no revelaba cuál había sido el destino del enfermo. La presión popular traducida en cientos de cartas hizo que un año después se lanzara “Se salvó el pibe”, dándole una conclusión a la historia para que los tangueros durmieran tranquilos.

Fito Páez: el dolor después del amor

Hay en el devenir de Fito Páez como referente del rock en español un lugar especial para “11 y 6″, aquella historia de amor de dos nenes que “vendían rosas en La Paz”, y que en el baño de un bar “sellaron todo con un beso”. Sin embargo no siempre el amor todo lo puede, y sus sueños no duraron demasiado.

En 1990, la inspiración de Fito pasaba por un período más oscuro (incluso llegó a decirse que el artista quería abandonar el país), y así fue como la historia continuó amargamente en el tema “El chico de la tapa”. Adolescente, habiendo perdido a su amor “en una sala de hospital”, el protagonista terminó solo y con un arma en “el bolsillo del papel de armar”.

Edmundo Rivero: los dramas de la propiedad horizontal

Entre los muchos temas de Edmundo Rivero, uno de los que se asocian directamente con su voz es “El conventillo”, compuesto por Ernesto Baffa, Fernando Rolón y Arturo De La Torre, en 1965. Con métrica perfecta, en apenas dos minutos el protagonista contaba cómo había pasado de vivir en aquel “conventillo de la calle Olavarría” a “diquearse” en un “auto polenta”.

Más acá en el tiempo, en “Milonga del consorcio”, el cantor se dio el gusto de imaginar cómo el progreso había calado hondo en aquel hombre, ya instalado en un edificio del centro “pa’ figurar en la guía”.

Cacho Castaña: no todo es lo que parece

Pocos pudieron volverse protagonistas de sus canciones como Cacho Castaña. El personaje que construyó alrededor de su figura hizo que pudiera interpretar un sinfín de canciones sobre su capacidad seductora totalmente creíbles. Así nació el autoimpuesto apodo que popularizó a partir de la canción “Lo llaman el matador”, aquel que “en noches de luna llena, llora de pena por un amor”. El registro apareció en formato de videoclip en la película La playa del amor (1980).

En voz del mismo Cacho, años después su personaje “reventó” bailantas gracias a “La vuelta del matador”. Del mismo autor, “Quieren matar al ladrón” también tuvo sus derivaciones: “El regreso del ladrón”, “El hijo del ladrón”, “Atraparon al ladrón”… Y siguen las firmas.

Fuente: Guillermo Courau, La Nación

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