Opinion

Convergencia PJ, la apuesta que Gill mantiene para el 2023

El villamariense desestima que, como sostienen Riutort y Caserio, Schiaretti haya sido funcional a Macri, y califica como “circunstancial” la división del PJ, al que espera ver unido en el 2023.

Por Felipe Osman

La sucesión que el peronismo provincial enfrentará en el 2023 es el elemento que ordena los intereses de quienes competirán en el próximo turno electoral. Todos (o casi todos) los cálculos, dentro del peronismo cordobés, se hacen en función del posicionamiento que cada jugador espera lograr en aquel escenario, que hasta irradia sus efectos hacia las demás fuerzas.
Martín Gill, (aún) secretario de Obras Públicas de la Nación e intendente de Villa María en uso de licencia, es una de las piezas que aspira, con buenos fundamentos, a ganar protagonismo en ese tablero, y allí radica el interés que despierta su juego, ahora integrando la oferta electoral del Frente de Todos.
Reacio, en un primer momento, a liderar la lista de diputados, el villamariense esperaba evitar una confrontación directa con los candidatos del Centro Cívico y prolongar, desde el gabinete, las buenas relaciones institucionales con el oficialismo provincial. Pero la estrategia definida por el albertismo tomó otro rumbo, y Gill -condicionado- aceptó.
La definición de las boletas dejó claro que el peronismo afrontará una suerte de “interna impropia” en los próximos comicios, con fracciones del PJ jugando en cada espacio. Sin embargo, sobre el inicio de la campaña Gill mantiene un perfil contemporizador, y diferenciándose de la postura que asumen sus compañeros de lista, el senador nacional Carlos Caserio y la edil Olga Riutort, intenta evitar levantar el tono de ese duelo electoral y concentrarse en las críticas hacia Juntos por el Cambio.
El ejercicio dialéctico no es sencillo, pero Gill -hábil declarante- lo ejecuta con destreza. Desliza que las acusaciones que tanto Riutort como Caserio han dirigido en contra de Juan Schiaretti, al apuntarlo como un aliado circunstancial de Mauricio Macri en 2019, son una especie de error involuntario, que deriva de no haber entendido correctamente la diferencia que existe entre una buena relación institucional y una comunidad de intereses políticos.
En realidad, la acusación es mucho más seria: le achacan haber repartido votos de Macri junto a la “boleta corta” de Hacemos por Córdoba en las últimas nacionales. En fin, las piruetas discursivas ayudan, pero no hacen magia.
Enfrentado a la tesis que asegura que sus chances de jugar en la sucesión peronista en 2023 se desdibujarían si integraba, en las elecciones de medio término, la lista del Frente de Todos, Gill las desconoce. Afirma, en su lugar, que la actual división del peronismo es circunstancial, y que las ideas y valores del justicialismo -antagónicas a las sostenidas desde Juntos por el Cambio- determinarán que vuelva a confluir en un único espacio.
Resulta imposible saber si la respuesta del candidato es una expresión de su deseo o el íntimo pronóstico de lo que cree sucederá. Lo que si puede advertirse es que, mientras pueda, la estrategia de Gill apuntará a evitar la confrontación con Schiaretti, el gran elector de Córdoba cuando de elecciones provinciales se trata, y a cultivar un perfil de gestor muy emparentado al del gobernador, haciendo hincapié en la correcta relación institucional que desde el Gobierno Nacional en general y desde su cartera en particular se ha mantenido con Córdoba. El mismo mensaje que el Centro Cívico envía, y que vuelve como un eco en la voz del villamariense.

Fuente: diarioalfil.com.ar

Prensa GRC
Author: Prensa GRC

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