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Solticio De Invierno: comunidades celebran el Inti Raymi y su impacto ambiental

El pasado 21 de junio, en coincidencia con el solsticio de invierno, diversas comunidades de los pueblos originarios conmemoraron la tradicional fiesta del Inti Raymi. El evento tuvo lugar en la región andina y se extendió hacia zonas del norte y centro de Argentina, como la provincia de Córdoba. Esta festividad, cuyo nombre significa «Fiesta del Sol» en quechua, marca el inicio del año andino. Los participantes celebraron este hito natural debido a que, a partir de esta fecha, los días comienzan a alargarse, dando paso al ciclo de siembra, la rotación de cultivos y el intercambio de semillas entre las familias.

Un calendario adaptado a la naturaleza

La columna ambiental a cargo de Carla Burnier destacó la relevancia de rescatar estos saberes ancestrales en la actualidad. A diferencia del calendario gregoriano, las comunidades originarias miden sus ciclos en estricta consonancia con los procesos de la tierra. Este enfoque no solo abarca la agricultura doméstica y extensiva, sino también la apicultura y el cuidado de los bosques nativos.

En este sentido, Burnier enfatizó la necesidad de recuperar la capacidad de observación frente a las problemáticas actuales del entorno:

«Tenemos que aprender a observar, a poder mirar, a poder sentir qué es lo que está sucediendo hoy con estas variaciones de lo que es el cambio climático… la tierra necesita sus descansos y por ahí también son consideraciones que se tienen en cuenta en estos momentos de planificar y de pensar».

Tradición, cultura y transición productiva

La celebración del Inti Raymi comenzó tras la noche más larga del año, el 20 de junio, y funciona como un espacio de comunión. El evento integra expresiones artísticas como danzas, música, tejidos y el uso de medicina tradicional.

En el contexto actual de crisis climática, estos conocimientos adquieren un valor estratégico. Cada vez más productores locales e industriales buscan transicionar hacia modelos que respeten los tiempos de regeneración del suelo, demostrando que el calendario andino no es un elemento aislado del pasado, sino una herramienta viva para la sostenibilidad.