Opinion

MIGUEL ANDREIS| Se fue… ¡El último “Cuchara”!

Marzo de 2021. Se despedía de nuestra villa el último “Cuchara”. Juan Carlos Suárez, tal su nombre y apellido. Andaba por los sesenta. Cuerpo delgado, movimiento rápido de piernas, calvo y escaso de dientes. De respuestas rápidas y ocurrencia a flor de labios. Por allí, en el predio del Desagüe Club, su lugar en el mundo, quedará flotando esa consumida imagen, la risa simple y contagiosa.

Vida, obra y muerte

Consecuente con la pobreza. Nunca la abandonó.  Andando a los saltitos empujaba su carrito con descentradas ruedas de bicicletas.  Allí acumulaba lo que a los demás no les servía. Cartones, vidrios y hasta muebles con los que puchereaba. Monedas, siempre monedas, nunca gruesos billetes…

Juan Carlos era hijo de “Triny”, quizás que una de los integrantes de la familia “Cuchara” más popularizada. Conocida.  Aquella mujer con un constante sonido onomatopéyico que se escapaba de su boca.

Por años vivieron en precarias casas en las cercanías de la antigua construcción de la Bomba de agua que diera el fresco líquido a los primeros caballos a vapor de galopes sobre rieles. La construcción enclavada sobre la ruta que va a la FMPE, encierra en sí historias de siglos. El Ctalamochita como patio trasero del caserío que fue ahuyentado por los militares en el 78. Quién no recordará a estos personajes, los Cuchara, que nadaban como peces. Los primeros en llegar cuando había ahogados.  Su oficio era el de cartoneros. Tal les decían.

Juan Carlos, sentía orgullo en ser uno de los “cucharas”. 

Quedarán inalterables los inolvidables sketches de teatro improvisado, en el redondo tanque. Allí la risa trepaba hasta lo impensado y la más absoluta y disparatada realidad, él con su amigo de cabellos de colores, el Tarugo, transformaban en mágica realidad. En la memoria de los visitantes a este club de nostálgicos soñadores, donde los viernes inalterables era cita de humor, allí concurrían empresarios, laburantes, deportistas, gente común y, hasta intendentes, como Veglia y Cabezas… El asado convocaba, el truco era el desafío por el honor y luego los artistas en funciones épicas, dejaban tela para toda la semana.

En esas paredes subsistirán grabadas las voces de los intérpretes haciendo un debate, entre cientos, aquel apoteótico entre el Papa Francisco (Cuchara) y un pastor evangélico (Tarugo). La escenografía era una vieja carcaza de un antiguo televisor de gran tamaño. Allí asomados enloquecían con sus debates con salidas absolutamente disparatadas.

En otra ocasión, festejando un cumpleaños el “Cuis” decidió, a lo Tito Lectoure, armar un combate entre los dos amigos, el Tarugo (sin cena) unos 130 kgs, Cuchara, con desayuno, almuerzo, merienda y cena, más ropa mojada, unos 49 kgs. Algo despareja la cuestión. Lo llamativo que iba a tener esta confrontación, es que fue contratada una dama, morocha bella, de las que caminan por las noches, las veredas del España y Alvear buscando alquilar su piel.  Ella debía pasar un cartel anunciando el número de los rounds. En el contrato se estipuló que debería vestir una malla de dos piezas. Sillas de pajas en cada rincón. A modo de agregado, cuando la dama cruzó las cuerdas, la ovación se escuchó hasta en la Fábrica de Pólvoras. Los senos eran tan enormes como atractivos. Cuchara se desconcentró totalmente. Sus ojos se salieron de la órbita. Fatal locura para él. Concentrado en la mujer no advirtió un golpe de revés del traicionero de Tarugo, que lo desparramó hasta sacarlo del ring. Regresó enfurecido. Enojo que se le pasó apenas la exhibidora de los números volvió al cuadrilátero. Ahí nomás como un felino en celo saltó sobre ella, le bajó el corpiño y tal un bebé hambriento se prendió a la abundante anatomía. No lo podían desprender. Lo demás se transformó un pandemonio imparable.

Miguel se llamaba uno de los tíos Cuchara que una vez peleó con un oso en un circo, en una promocionada lucha. Otro de sus tíos falleció quemado con pólvora.  Había ingresado por el lado del río en la búsqueda del explosivo material para luego venderlo a los cazadores que cargaban los cartuchos. Sin tomar conciencia del riesgo, tiró sobre el explosivo desechados, un pucho.  La explosión lo arrojó a varios metros. Quienes estaban en una de las garitas vieron llegar a una persona echando humo ya sin rostro ni ropas. Apenas vivió algunos minutos más.

Vida dura de no pocos de este clan… Juan Carlos fue el último de esos queridos y reconocidos popularmente personajes denominados, vaya a saber el por qué, Cuchara. Una despedida sin grandes títulos ni llantos conmovedores. Apenas un cartonero, cantor y actor de ilusorios tablados, de humores desopilantes y hambre siempre atrasado.

Los cambios en la ciudad también tienen esa impronta… nos vamos quedando sin personajes… Chau Cuchara, siempre habrá un recuerdo donde te tendrán como primer actor.

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 JUAN CARLOS SUAREZ, GRACIAS.

Luis Cuis Gómez

Querido Cuchara Amigo, sabemos que estas en un lugar donde todos iremos algún día, vos te adelantaste y nos dejaste un espacio vacío, con el grato recuerdo de una amistad tan valiosa e inolvidable.

Tu espíritu seguirá con nosotros en cada asado, y cada vez que nos reunamos será imposible dejar de extrañarte y recordar los buenos momentos que nos regalaste con tu buen humor.

Aprenderemos a aceptar tu partida recordando tus letras “El vaivén”, “Ella ya me olvido” y tu variedad de sketch a lo largo de los años.

GRACIAS POR TU AMISTAD DESINTERESADA.

Vuela amigo, Vuela alto, El corazón me dice que nunca te olvidaré

Escribe: Miguel Andreis

GRC
Author: GRC

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