El Centro de Almaceneros Autoservicios y Comerciantes Minoristas de Córdoba, a través de su Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales y Económicas (IETSE) registró una inflación mensual de 3,3% para el mes de marzo de 2026, consolidando una dinámica inflacionaria que se mantiene en torno al 3% mensual.
De este modo, el primer trimestre del año acumula un incremento de precios del 9,2%, confirmando la persistencia de un proceso inflacionario que, lejos de desacelerarse, se estabiliza en niveles que continúan erosionando el poder adquisitivo.
Impacto en Bienes Esenciales
El rubro “Alimentos y bebidas no alcohólicas” mostró en marzo una leve desaceleración respecto al mes anterior, aunque registró igualmente una suba del 3,6%, impulsado principalmente por aumentos en productos básicos como Azúcar (+7%); Lácteos (+5%); Aceites (+4%) y Harinas y farináceos (+4%).
A esto se suma un factor crítico: el fuerte incremento en combustibles, con una suba promedio del 23% durante el mes, impactando de manera transversal sobre toda la estructura de costos de la economía.
Otros rubros también presionaron sobre el nivel general de precios, entre ellos Educación (+7%); Vivienda, agua, electricidad y otros combustibles (+5,6%); Prendas de vestir y calzado (+3,5%), además de transporte y salud.
En este contexto, la inflación mantiene un sesgo claramente regresivo: se concentra en bienes y servicios esenciales, afectando de manera desproporcionada a los hogares de menores ingresos, restringiendo severamente su capacidad de consumo y profundizando la pérdida de bienestar.
Condiciones sociales y seguridad slimentaria
Para marzo 2026, el IETSE estimó la Línea de pobreza en $1.828.629, en tanto que la línea de indigencia se ubicó en $1.008.414.
Estos valores reflejan el creciente costo de acceso a condiciones básicas de vida y evidencian la magnitud del deterioro social.
Por otra parte, los resultados de la Encuesta de Hogares continúan mostrando un escenario alarmante en materia de seguridad alimentaria, concluyénsode que el 56,7% de los hogares no logró cubrir la Canasta Básica Alimentaria y que entre quienes sí lo lograron, 71,2% dependió de asistencia estatal.
Por otra parte, un 11,2% de los hogares redujo su alimentación a una sola comida diaria o atravesó situaciones de hambre, mientras que un 20,8% solicitó alimentos o ayuda económica.
Y más datos por demás preocupantes: 21,3% se quedó sin alimentos en algún momento del mes; 31,8% experimentó hambre no satisfecho; 52,6% redujo la cantidad de comidas, eliminando principalmente la cena y 88,3% financió alimentos mediante endeudamiento (tarjetas, fiado o préstamos).
Lejos de tratarse de situaciones aisladas, estos indicadores configuran un patrón estructural de deterioro, donde el acceso a la alimentación depende crecientemente del crédito y de la asistencia pública, consolidando un esquema de alta vulnerabilidad social.
Consumo, Actividad Comercial y Poder Adquisitivo
El comercio minorista de alimentos registró en febrero una caída interanual del -8,1% en volumen, reflejando una contracción sostenida del consumo real.
Este dato resulta determinante: los hogares están comprando menos cantidades, aun cuando el gasto total pueda incrementarse por efecto de la inflación.
La combinación de inflación persistente y deterioro del ingreso real explica la debilidad de la demanda interna, comprometiendo cualquier proceso de recuperación económica con impacto social amplio.
Fuente: La Nueva Mañana