Faltan pocos días para el inicio de la temporada de Fórmula 1 en Australia. Tras los ensayos realizados en Baréin, la incertidumbre domina la previa. Nadie volvió conforme de esas jornadas y varios pilotos regresaron con preocupación. Las declaraciones poco afortunadas de Verstappen, Alonso o Hamilton tras las pruebas tampoco contribuyeron: el panorama no asoma alentador.
Aquellas expresiones no resultaron felices para la categoría y generaron inquietud entre los fanáticos que esperan ansiosos el arranque del año.
El trabajo de las últimas dos semanas dejó situaciones difíciles de comprender. Resulta llamativo que algunos pilotos describieran autos sin potencia, parecidos a los Fórmula E. También cuesta creer que durante la temporada pasada no les despertara curiosidad conocer las características de vehículos surgidos de un reglamento completamente nuevo. Para profesionales de esa jerarquía, desentenderse de lo que viene no suena convincente.
Empresarios, ingenieros, directores de equipos, proveedores, autopartistas y dirigentes de la federación aportaron respaldo a esta nueva versión de la categoría, la misma que ahora algunos referentes cuestionan.
Dónde estaban cuando se diseñaba esta variable técnica? No surgió la intención de interiorarse sobre los autos que les iban a construir para un futuro inmediato que hoy ya es presente? A varios parece haberlos sorprendido la realidad.
Con este escenario, el panorama no se muestra alentador. La tecnología híbrida alcanzó a la de combustión; los autos combinan ambas fuentes al 50 por ciento, pero el resultado no responde a lo esperado.
Se invirtieron fortunas en proyectos que derivaron en unidades más lentas y que, además, contradicen el espíritu de la categoría más importante del automovilismo mundial. Desde 1950, el objetivo fue siempre que ganara el más veloz; ahora, en cambio, puede imponerse quien administre mejor la potencia, articule energía y consumo y logre equilibrio antes que velocidad pura.
La apuesta es compleja. Es desafiante para los ingenieros, pero no para los 22 pilotos que deberán modificar y suavizar su estilo de manejo. Queda poco tiempo para el inicio y no habrá demasiadas posibilidades de ajustar cosas para la primera carrera. Pero no sería extraño que aparezcan cambios a medida que la categoría madre del deporte motor vaya perdiendo interés entre sus seguidores.
El cambio resultó costoso en todos los sentidos. También pesaron las opiniones de pilotos referentes de la actividad. Nadie salió a desmentirlos, y algo debe significar. Evitar la confrontación mediática forma parte de la estrategia: el comienzo no fue bueno y todos lo saben. Vox populi, vox dei (la voz del pueblo es la voz de Dios), le dijeron a Carlomagno en 798, y la frase aún sigue vigente. Conviene esperar, pero sin caer en la desesperación.
Si no llegan las actualizaciones para recuperar potencia en pista, el año podría quedar marcado como un retroceso tecnológico. Por ahora, el silencio domina, condicionado por el calendario. El 6 de marzo asoma como el día esperado –o no– para la gran prueba inicial.
Fuente: La Voz del Interior