En una nueva entrega de su columna Historias Aeronáuticas, como cada martes en La Mañana Informal, Ariel Baysre nos transportó a uno de los episodios más impresionantes de la aviación argentina: el cruce de la Cordillera de los Andes en globo aerostático, realizado por Ángel María Zuloaga y Eduardo Bradley.
El 24 de junio de 1916, a bordo del globo Eduardo Newbery, ambos aviadores partieron desde Santiago de Chile y lograron llegar a Uspallata, Mendoza, en una travesía que alcanzó los 8100 metros de altura.
En condiciones extremas —con temperaturas de hasta -33°C y vientos huracanados— los pioneros hicieron uso de oxígeno y debieron desechar lastre en pleno vuelo para mantenerse en el aire y completar la misión.
Hoy, la barquilla original del globo y la bandera que ondeaba durante el cruce se conservan como piezas históricas en la Biblioteca Nacional de Aeronáutica, testigos de una gesta que marcó un antes y un después en la aviación sudamericana.