Un grupo de nuevos enólogos argentinos ha iniciado un proyecto de recuperación de la uva Semillón, una variedad blanca que fue la reina de la vitivinicultura nacional en la primera mitad del siglo XX y que estuvo al borde de la desaparición.
El rescate se está desarrollando actualmente mediante el hallazgo y la microvinificación de viñedos históricos y plantas centenarias ubicadas en zonas clave como Mendoza y la Patagonia. El objetivo principal de los especialistas es devolver al mercado local e internacional la diversidad de los vinos blancos finos de alta calidad, rompiendo con el histórico monopolio del Malbec en la consideración del consumidor.
El origen y el declive de una reina
La uva Semillón llegó a la Argentina a mediados del siglo XIX desde Chile, de la mano del ingeniero francés Michel Aimé Pouget, el mismo introductor del Malbec. Entre 1900 y 1950, se adaptó con gran éxito a los diferentes suelos del país y se convirtió en la cepa omnipresente en los restaurantes más sofisticados de la época.
Sin embargo, a partir de la década de 1950, una conjunción de factores agronómicos y comerciales la llevó casi a la extinción. Por un lado, el público comenzó a volcarse hacia variedades blancas más aromáticas, como el Sauvignon Blanc o el Chardonnay. Por el otro, al ser una planta muy vivaz, su sobreproducción derivó en que fuera destinada masivamente a vinos de mesa y damajuanas, perdiendo su prestigio enológico. Muchos productores terminaron por arrancar las vides o injertarlas con tintos.
Un tesoro centenario en la copa
La tendencia comenzó a revertirse gracias a expertos que decidieron recorrer viejas fincas para recuperar plantas de entre 70 y 100 años de antigüedad. Uno de los pioneros en esta revalorización fue el reconocido vitivinicultor Ricardo Santos. Actualmente, diversas bodegas locales están obteniendo importantes premios internacionales con este cepaje, lo que certifica su potencial de guarda y su elegante evolución hacia notas de miel y cera con el paso de los años.
En referencia al valor cultural y la mística de este rescate, el columnista y sommelier, Pablo Fiorito, remarcó en el aire de Radio Centro 99.3:
«Conocer la historia es parte de ese ritual que nos hace consumidores un poco más conscientes. La cuestión no es consumir alcohol, sino es una experiencia sensorial un poco más compleja, un poco más pensada, un poco más pausada».
Radiografía de una cepa exclusiva
A pesar de este resurgimiento, el Semillón sigue siendo una rareza en el mapa productivo nacional, ya que en la actualidad existen menos de 800 hectáreas plantadas en todo el territorio argentino. Esto obliga a los consumidores curiosos a buscar estas etiquetas principalmente en vinotecas y comercios especializados, ya que su producción acotada y artesanal dificulta su llegada masiva a las góndolas de los supermercados tradicionales.