El proyecto, liderado por la licenciada en nutrición Julieta Genero y la coach de vida María Fernanda Gili, busca acompañar a las personas a salir del «piloto automático» diario.
La presentación se realizó durante una entrevista en Radio Centro (99.3), donde las fundadoras explicaron que su espacio, denominado «Sentir Bienestar Integral», aborda la salud de manera unificada. La iniciativa surge ante la creciente necesidad social de responder a situaciones de estrés crónico, cansancio y desatención personal causadas por las exigencias de la rutina actual.
Un abordaje basado en pilares fundamentales
El método de trabajo se estructura a través de un acompañamiento continuo que se extiende entre tres y seis meses. Durante este período, un equipo interdisciplinario que incluye también una coach de movimiento evalúa y reordena los hábitos cotidianos de los participantes bajo un diagnóstico personalizado.
Las especialistas explicaron que el programa desglosa los pilares esenciales de la vida, tales como la alimentación, el descanso, la actividad física, la gestión del estrés y el entorno social. Según indicaron, el objetivo principal es generar una toma de conciencia profunda que rompa los automatismos biológicos y culturales arraigables desde la infancia.
El desafío de reprogramar la mente
Durante la entrevista, las profesionales destacaron la resistencia natural del cerebro frente a las modificaciones de conducta. Explicaron que los hábitos verdaderos demandan constancia y que el soporte profesional resulta clave para superar las frustraciones y los mecanismos de autoboicot que aparecen en las primeras semanas de transición.
«Estos procesos no tienen ningún tipo de éxito si la persona no está comprometida con el mismo. Para hacer transformaciones necesitas gente que te acompañe», afirmó María Fernanda Gili durante el diálogo, resaltando que el proceso requiere de una guía respetuosa y firme para consolidar una disciplina diaria.
La neurociencia actual respalda que la fijación de un hábito nuevo y duradero en el cerebro humano requiere de un lapso mínimo de entre seis meses y un año. El diseño de este programa integral precisamente apunta a ese marco temporal, combinando la reestructuración nutricional clínica con el soporte psicológico y el ejercicio físico adaptado para evitar el abandono temprano.