Opinion

MIGUEL ANDREIS| “¡¡Que me corten las bol… antes que bañarme todos los días!!”

¿Por qué la vejez te vuelve rebelde al agua?

Don Federico Minues se había ganado la consideración de los pibes del barrio. Era casi un sabio para nosotros.  Lo fuimos viendo envejecer junto a su mujer Carmela, tez blanca y cabello renegrido. A escondidas le decíamos la gallega. Había venido de España. Federico pasó los 80 y ella andaba por los setenta y pico. Jubilado ferroviario. Era uno de los integrantes del “Club los Asoleados”, los churquis como todo capital mobiliario. Se ubicaba por La Rioja, entre Müller y Bruno Ceballos. Allí se juntaban todos los veteranos del barrio a jugar a las bochas. Los Asoleados, fue la antesala de la creación del Club Pedro Viñas, por la Jujuy al frente de la Escuela del Trabajo.  Lo lindo venía con las retóricas después de los partidos, casi siempre por un medio tinto con soda. Y, obviamente que nunca estaba ausente la política y el fútbol, claro que otras veces abordaban la situación de cada quien. Él siempre sostenía que por lejos la vejez era la peor etapa de la vida: “cuando nacés, ni idea de nada, todo lo que te viene es nuevo, en general te tratan bien, recibís cariño, con la vejez comenzás a pensar que indefectiblemente vas camino a los pinos”; y agregaba levantando el tono de voz “aquel que hable bien de la vejez es un boludo. No piensa lo que dice. No tiene nada de bueno. Nadaaa.  Te cuesta moverte, comenzás todos los días con un dolor distinto; donde te parás, molestás, los jóvenes te miran como perdonándote la vida. Los hijos casi se olvidan de vos. Ah, siempre vendrán porque necesitan que le cuides algún chico o… (iba a hablar de dinero, pero saltó la oración) … que me digan qué tiene de bueno tener un cuerpo lleno de almanaques, para orinar te acalambras al lado del inodoro y el último chorro que no sale te hará levantar de la cama en media hora y al final se te clavarán esas gotas en el calzoncillo. Te hacen análisis y lo único que te da bien es la fecha en que el médico te las pidió”- Y agregaba entre la ironía y la bronca “ para colmo la naturaleza está hecha para la mierda, todo se te ha ablandado pero no dejás de pensar en el sexo, ves una piba linda y sabés que nunca ya volverás a sentir esa piel que es un talle menos que el cuerpo. La que tenés en tu casa le sobra como cuatro números de cueros por todos lados… Ya no más estrépitos hormonales”.

 

 

Era casi una conversación común con otros entrados en años. Nosotros los escuchábamos y nos reíamos. ¡Total nunca seríamos viejos!

Carmela por su parte era persistente con sus quejas que las compartía con nuestras madres cuando a la noche salían a la vereda a tomar mates o se juntaban a la jugar a la tómbola. Su disgusto tenía otras vertientes. “Miren -les indicaba a las otras, entre las que estaba mi vieja-, ya les va a pasar. Los viejos no se quieren bañar. Se vuelven sucios. No les importa y te responden, “para qué querés que me bañe, si no sé si amanezco vivo”. Hay que pelear dos horas para que esté medio minuto bajo la lluvia. Se les vuelve insoportable el olor a bolas y a culo rancio. Los vellos pegajosos… Así se acuestan y apestan. La baranda a orina que tienen.  Es una mezcla asquerosa … no hay nariz que soporte”. Se ponía intratable la gallega cuando avanzaba en la temática de higiene de su esposo.

Era un tema recurrente que, naturalmente las mujeres lo usaban indirectamente como un reclamo de Carmela, pero a su vez un motivo de risa. La dama era muy detallista. En verano era peor. Al poco tiempo doña Francisca. Esposa de un albañil, también contó lo mismo sobre su esposo. Los olores del viejo. Al parecer a los hombres junto con la vejez, pisando los 80 nos llega una cierta repulsión al agua. Quizás no a todos… pero casi. Según ellas.

Un intento de arreglo

Carmela lo tenía como argumento principal para defenestrar a su esposo. Posiblemente a esa altura y los hedores lo ponían en condición de odiado. Junto con el primer mate de la mañana llegaba la reprimenda. Su convicción se basaba en que la mayor cantidad de hediondeces provenían de ese “campanario”. Incluyendo la mala limpieza del papel higiénico. El ex ferroviario, ya harto de todo hartazgo, intentó hacer un pacto, fue claro, ya no le gustaba ni le daba placer estar debajo de la lluvia. Lo haría, solo por ella, Y REMARCO, SOLO una vez cada diez días. “Ni loca -grito la señora pasada por los mares, “antes te mato”-. Obvio, no aceptó y se empecinó malamente. No iba a hacer concesiones. Hasta intervinieron los hijos y la nuera también. Todos en contra.  Antes de acostarse los, gritos de la esposa se escuchaban desde larga distancia “báñate sucio de mierda… el olor a bolas es insoportable”. Ya se había enterado todo el barrio. Cosa que al hombre le importaba, pero no tanto como para aflojar y ponerse bajo la ducha. Fue tal el trabajo de pica seso mental de ella que él decidió tomar una decisión fatal.

No tenía otra salida… eso pensaba

Se bañó apenas levantado, se puso el único traje y se encaminó hacía el viejo Hospital Ferroviario -Calle Lisandro de la Torre-, pide turno para el doctor Díaz, médico que lo atendió desde que llegó a la villa. El galeno que lo conocía desde siempre lo salud con mucho afecto preguntándole: “¿Qué le anda pasando don Ricardo? ¿Qué lo trae por aquí?

La respuesta fue contundente: “Vengo a qué me corte las bolas y bien al ras”

Sorprendido, el profesional sonríe y vuelve a la carga: “dirá que le revise los testículos… le duele algo…?

“Nooo doctor, quiero que me castre, se lo digo simple para que entienda… no me duele nada, solo quiero que me las arranque”

“La verdad, nunca me hicieron ese pedido. ¿puedo preguntarle a qué se debe una decisión tan drástica?

“Mire doctor, usted conoce a Carmela, mi señora, es intolerable, me dice y le cuenta a todo el barrio, que mis olores a bolas no la dejan dormir… que anda a las arcadas y a cada rato me manda a bañar… A los 80, los genitales ya están al vicio y asegura que lo único que hacen es generar una fetidez que le impregna en las sábanas y en mi ropa”

– ¡!¡¡Bien, y cuál sería el problema… báñeseee cada dos días…!!

– Noooo, ni locooo, odio el agua y al jabón también. Así de simple.  NO ME VOY A BAÑARRR… Si usted me las corta, por lo menos me pondrá anestesia, ahora si ella sigue rompiéndome … voy camino a que me exploten y ahí sí que eso deber ser doloroso…

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