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Finalistas 2022: Cuáles son las tres localidades argentinas que compiten por el podio al mejor pueblo turístico del mundo

La iniciativa “Best Tourism Villages” tiene como objetivo identificar aquellos sitios de los Estados miembros de la Organización Mundial de Turismo que adopten enfoques transformadores en la localidad a partir de políticas vinculadas al cuidado del ambiente, la participación e integración de la comunidad y el desarrollo económico y productivo, entre otras variables que son tenidas en cuenta al momento de la elección. Las localidades deben tener baja densidad demográfica (hasta 15 mil habitantes), estar situadas en un paisaje natural y/o cultural característico y compartir valores y estilos de vida propios de la región puestos en valor turístico, entre otros factores que hagan al desarrollo del turismo. Durante la edición anterior, se reconoció al pueblo de Caspalá, ubicado en Jujuy. El Ministerio de Turismo y Deportes de la Nación convocó, a través de los organismos provinciales de turismo, a las localidades que reúnan esas características. Para esta edición, nueve provincias presentaron 11 destinos y los equipos técnicos del ministerio seleccionaron a los tres finalistas. Los ganadores de 2022 se darán a conocer en diciembre próximo.

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JUJUY

SAN FRANCISCO DE ALFARCITO

San Francisco de Alfarcito es un pueblo auténtico de piedra, adobe y paja con solo 80 habitantes, colgado entre las cumbres de Alfar y rodeado por el río Cortaderas. Cada una de las 25 familias residentes intervino para poner nombre a las montañas que lo circundan: está el cerro Maravilloso, el cerro Negro y el cerro Tres Pintores. Toda la aldea –de monocromía ocre solo interrumpida por la iglesia blanca– está rodeada por picos de rocas.

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Para llegar a Alfarcito hay viajar desde la ruta nacional N9, pasar por Purmamarca, ascender por la cuesta del Lipán, pasar por las Salinas Grandes en dirección a Susques, desviar por la ruta 11 a mano derecha y seguir 27 kilómetros.

Sus habitantes conservan la filosofía del buen vivir que les enseñaron sus ancestros. La armonía y los buenos vínculos en la comunidad han sido su clave por más de un siglo. La economía se basa en la producción de maíz, alfalfa y habas, y en la cría de llamas, ovejas y cabras . Hace algunos años se incorporó la confección de artesanías y el turismo. Por todo esto, y por su encanto de pueblo mágico, Alfarcito es uno de los tres candidatos de la Argentina para la iniciativa Best Tourism Villages. “Buen vivir es el espíritu con que nos relacionamos con la Pacha, con la naturaleza que podemos contemplar cada día. Y con la comunidad: nuestros hermanos de nuestro pueblo y de los pueblos vecinos. Eso nos enseñaron nuestros ancestros”, explica José María Carrillo, nieto del fundador, Genaro Carrillo.

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En el taller de “La flor del viscular y las águilas” se realizan demostraciones de teñido de lanas y tejidos en telar. Las artesanías de Las Tejedoras son realizadas a mano con hasta cinco agujas por mujeres y hombres del pueblo.

Esta pequeña comunidad situada a 3400 metros de altura sobre el nivel del mar, en el margen occidental de la laguna Guayatayoc, en el departamento de Cochinoca, tiene un cielo diáfano la mayor parte del año. Una vez que la luna aparece entre los cerros, solo se escucha el sonido del agua: en la parte alta del pueblo hay tres piletones enormes donde se crían truchas que son parte del sustento de esta comunidad. De día, el trajín del pueblo –que lleva el nombre por el cultivo original de alfafa– es lento y agradable. Hombres, mujeres y niños se saludan y forman redes de trabajo para cumplir con las tareas que son rotativas entre las familias. No solo la producción de alimentos es en equipo. Toda la conservación del espacio público es consensuada y cuidada por la comunidad atenta a sus recursos naturales: hay un ojo de agua que es un sitio sagrado donde cada agosto se celebra a la Pachamama. En ese mes se arma la corpachada: se preparan comidas típicas como picante de mote, tijtincha y pire para compartir con chicha y hojas de coca entre familia y amigos.

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La Iglesia fue construida durante diez años por los miembros más antiguos de la comunidad. Blanca es una de las dos llamas que circulan en libertad por las calles de Alfarcito.

La Iglesia San Francisco de Asís, que tiene los techos abovedados realizados con madera de queñua cubiertos en adobe, sobresale en medio de la fisonomía baja del pueblo. Las calles son angostas y limpias, pese a que hay dos llamas que circulan en libertad entre las casas como mascotas: Cholo y Blanca. Ellas han perdido a sus progenitores y la comunidad las adoptó con la misma naturalidad de quien adopta un perro en la ciudad. En el pueblo hay tres alojamientos: Apacheta; Raíces del Campo y Posada Comunitaria La Hornada, que es la más grande con 11 camas. Hay, además, dos comedores: Tres Hermanos y El Churcalito. Los habitantes del lugar no solo se ponen de acuerdo para fijar la tarifa de la noche de estadía y las comidas, sino que consensúan los valores con las siete comunidades vecinas que los circundan, agrupados entre sí por la cooperativa de turismo de la puna Espejo de Sal . Hay varios circuitos por recorrer. Uno de los trekkings más ambiciosos y conocidos es el que llega hasta Barrancas, una de las siete poblaciones linderas de una belleza geológica acaso solo comparable con Talampaya. En Barrancas hay diversos hallazgos de arte rupestre y un centro de interpretación de la cultura inca.

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Barrancas, la localidad vecina, es de una belleza acaso comparable con Talampaya.

Todo el pueblo está ligado en su idiosincrasia a las Salinas Grandes, que distan unos 40 km. “Cuando yo era chico íbamos en caravanas de 25 burros hasta las Salinas. Armábamos panes de sal y bajábamos a venderlos a la Quebrada de Humahuaca. Toda la excursión tardaba quince días”, recuerda Carrillo. Por entonces, esas caravanas eran el modo de desplazarse de la gente del lugar. Hoy, para llegar a Alfarcito hay que viajar desde la RN 9, pasar por Purmamarca, ascender por la cuesta del Lipán, pasar por las Salinas Grandes en dirección a Susques, y tomar hacia el norte por RP 11, unos 27 km. Otra opción es seguir por RN 9 hasta Abra Pampa y empalmar la RP 11 con rumbo sur (en un camino de tierra y arena): se pasará por Casabindo, Tusaquillas, Sausalito y la Laguna de Guayatayoc.

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NEUQUÉN

CAVIAHUE-COPAHUE

Situado sobre la Cordillera de los Andes, a 360 km de Neuquén, la dupla Caviahue-Copahue se presenta en el certamen como el único pueblo nieve de Latinoamérica. Es que en invierno todo este caserío se cubre totalmente de blanco y es habitual ver pobladores que se desplazan en esquíes o con raquetas de nieve. Rodeado de bosques de araucarias, además de nieve y un centro de esquí, tiene atracciones a cada paso. En verano, propone también trekking en sus cascadas, en especial el Salto del Agrio. El río Agrio, que baja encajonado entre rocas, cae desde 45 metros de altura hacia una olla rodeada de rocas ocres y rojas que pintan de cobre toda la cuenca al atardecer.

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El río Agrio es uno de los principales atractivos turísticos y su salto es una suerte de cascada natural que irrumpe entre las rocas. Las termas de Copahue atraen turistas gran parte del año.

Hay, además, un circuito de cuatro cascadas: Basalto, Cabellera de la Virgen, La Culebra y El Gigante. Esta última tiene vista al volcán Copahue de fondo, en un recorrido de dos horas de baja dificultad a tan solo 3.5 kilómetros del pueblo. El volcán que domina la vista desde este circuito está activo. Pero aun así se puede visitar en verano con un trekking de siete horas . El paseo también se puede hacer más corto, desde un sendero denominado El Caracol, y en este caso la caminata es de cuatro horas. En cualquiera de las dos opciones, el premio para quienes llegan está garantizado: el glaciar colgante de cien metros de altura. En invierno, el recorrido se hace en moto de nieve y es solo apto para los más osados aventureros. Desde la cima se puede observar la silueta de la Cordillera de los Andes, con los picos más emblemáticos de la provincia: el volcán Domuyo, el Tromen y, más lejos, el Lanín. El volcán es el que provee las aguas termales y sus complementos de fango y vapor. Continuamente exhala un humo blanco, o fumata, que emerge de las entrañas de la tierra.

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Una de las excursiones permite acceder a las vistas imponentes de un glaciar colgante de 100 metros de altura.

El pueblo de Caviahue tiene 900 habitantes estables y capacidad para recibir a dos mil turistas. A 18 km de allí, por la ruta provincial 26, totalmente de ripio, el viajero se encuentra con la aldea vecina y centro termal de Copahue. Es un asentamiento situado en el interior del Parque Provincial Copahue, pero por la cantidad de nieve que cae en invierno queda virtualmente “clausurado” de abril a noviembre. El recorrido forma parte de la ruta del Pehuén con sus bosques de araucarias, árbol mítico y milenario considerado sagrado por las comunidades aborígenes. Otros puntos de esta ruta son Villa Pehuenia, Moquehue y Aluminé. En marzo toda la comunidad celebra la fiesta del Piñón, un homenaje al fruto del Pehuén. El piñón es parte de los platos típicos: los lugareños lo comen en escabeche y hasta lo hacen harina que sirve para hacer pastas o alfajores. No es la única opción regional que se sirve en esta latitud: la trucha, que se pesca en la laguna Hualcupen y Laguna del Cacique, los chivos y los corderos tambiénson parte del menú. “La gente viene al destino para conocer el Salto del Agrio que es muy impactante. Muy lindo de mañana cuando se forma un arco iris a su alrededor. Y para conocer el volcán, que es uno de los pocos activos del país . Una experiencia única”, sostiene Sofía Damato, secretaria de Turismo. “Pero, además, muchos turistas vienen a esquiar o a las termas de Copahue que funcionan desde diciembre a fines de abril”, agrega.

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CHUBUT

TREVELIN

En la provincia de Chubut, sobre el corredor de los Andes, se encuentra este pequeño pueblo de origen galés que es portal central de acceso al magnífico Parque Nacional Los Alerces. Trevelin es, además, el jardín de la provincia: sobre el cordón cordillerano conocido como Trono de Nubes hay un campo de tulipanes en el que el productor rural Juan Carlos Ledesma siembra bulbos de 27 colores que florecen entre octubre y noviembre. La comunidad local, compuesta mayormente por descendientes de inmigrantes, no solo cultiva tulipanes: en diciembre florecen las peonías y hay una fiesta en el paraje rural Aldea Escolar donde se congregan los lugareños para hacer figuras con flores. El Parque Nacional, en tanto, ha sido reconocido en distintos rankings y certámenes como el más lindo de todos los del país. Desde puerto Chucao parten las embarcaciones para arribar al Alerzal milenario declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco.

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Trevelin es portal de acceso centro y norte al Parque Nacional Los Alerces.

El camino para llegar a Trevelin, desde Esquel, es sencillo: apenas 40 km por la ruta 259. Para ir a los campos de tulipanes, que son la principal atracción en octubre y noviembre, hay que cruzar el río Corinto y el arroyo Miguens, en dirección al paso con Chile llamado Futaleufú. Muy cerca, deslumbra la cascada Nant y Fall, con 64 metros de altura y tres saltos de agua sobre una reserva de árboles. En las parcelas cercanas hay tres viñedos y varias plantaciones de frutillas.

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La cascada Nat y Fall tiene tres saltos que fascinan a los visitantes. El alerce es un árbol milenario y, gracias a su conservación, el parque fue distinguido por la Unesco.

En Trevelin no solo hay turismo rural: también hay museos y casas de té. Para conocer más sobre el inicio de esta colonia se puede recorrer el Museo Regional del Molino Andes y la capilla Bethel, situados en el centro del caserío. Más lejos, ya en la zona rural, se puede seguir la huella de los primeros rifleros y visitar el Molino Harinero Nant Fach. Al caer la tarde, de regreso en la aldea, el mejor plan es saborear un fabuloso té galés. En Nain Maggie se sirve con torta de crema como la hacían los primeros colonos que llegaron a partir de 1891 a Chubut. La mitad de la población actual, de 11 mil habitantes, lleva a Gales en la sangre. Incluido Javier de la Fuente, bisnieto de Maggie Fridman Jones, que trajo las recetas desde ese principado. “En Gales tenemos ríos, lagos y montañas, pero todo es más pequeño que aquí, donde la naturaleza es enorme”, sostiene Claire Vaughan, que llegó desde Europa y ahora es una colona más.

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Trevelin está rodeado por el río Corintos. En las afueras, en el Futaleufú, se puede pescar.

Los campos de flores dieron fuerte impulso a este lugar en primavera. Antes, los visitantes solo llegaban en enero y febrero para ir especialmente a pescar, navegar o acampar al Parque Nacional Los Alerces. Ahora, el pueblo apuesta al turismo durante todo el año. Se apoya en el esquí del centro invernal La Hoya en la vecina localidad de Esquel, las nuevas bodegas y la carrera de montaña Dragón Trail, que se difunde como el primer trail run sustentable del país.

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Fuente: LaNación

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