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El amor de Diego por Boca, tan eterno como su grandeza

Diego Maradona y Boca fueron y son sinónimos, más allá de que el astro es ídolo en Napoli y le pelea mano a mano al santo patrono San Genaro, siempre se vinculó con el «Xeneize» como futbolista o simplemente como hincha, una faceta que desarrolló desde su palco y también en la tribuna hasta sus últimos días.

Maradona se puso por primera vez la camiseta de Boca el 22 de febrero del 1981 tras su paso por Argentinos, el rival fue Talleres de Córdoba y se bautizó con dos goles en el 4-1 en La Bombonera. Ya no era como hincha, era con el 10 en la espalda y la hinchada «xeneize» rendida a sus pies.

El final de ese campeonato es conocido: Boca campeón por encima de Ferro, con Maradona (28 partidos jugados y 17 goles) y Miguel Brindisi como principales figuras.

Diego estuvo hasta 1982 cuando partió a Barcelona, que lo venía siguiendo desde 1978 pero en ese momento la dictadura cívico-militar intervino por abajo para evitar la salida de «Pelusa» al exterior, en una política de no perder a las figuras del fútbol local en los años previos al Mundial de España.

Su vuelta en una cancha recién se dio en 1995, con otro Maradona, ya ídolo y santo en Nápoles, con dos suspensiones por doping en sus espaldas y las piernas «cortadas» después de Estados Unidos.

El mechón rubio fue la bandera distintiva de ese regreso a un Boca complicado desde lo económico. El sueño de ver a Maradona otra vez con la camiseta se dio por aporte de empresarios y porque el propio futbolista resignó dinero con tal de volver a calzársela.

El vertiginoso mundo de Diego llevó a Boca a jugar un amistoso en Seúl contra Corea del Sur y así debutó de manera amistosa bajo la conducción técnica de Silvio Marzolini y rodeado de varios nombres de peso como Carlos Navarro Montoya, Carlos Mac Allister, Fabián Monzón, entre otros.

Oficialmente el regreso se concretó el 7 de octubre de ese año contra Colón de Santa Fe, en una victoria apretada por 1-0 (Darío Scotto), y dejó como gema la pelea, casi a las manos, de Maradona con Julio César Toresani en la cancha, que siguió en los vestuarios.

El futbolista de Colón reclamó que Diego pidió su expulsión y el ex Argentinos aclaró: «Nunca fui a pedirle una amarilla, al contrario» pero el enojo continuó cuando se enfrentaron a los micrófonos.

Telam SE

«A mí me echó Maradona», aseguró Toresani en una rueda de prensa posterior al partido. «Y lo que diga cuando escuche esto no me importa un carajo. Quisiera tenerlo en frente a ver si me dice las cosas como me dijo que después del partido me iba a agarrar. Está bien, yo me la banco, lo iría a buscar hasta la casa», agregó.

«A Toresani le dije en la cancha que yo vivo en Segurola y Habana 4310, séptimo piso», le respondió Maradona. «No tengo ningún problema en que me venga a buscar porque estoy cansado de estos ‘de pico’, que de la boca para afuera son todos guapos, pero cuando hay que poner la cara (…) A Toresani, Segurola y Habana 4310, séptimo piso, y vamos a ver si me dura treinta segundos», amenazó.

Sin embargo, el torneo fue malo, por debajo de las expectativas, y con un cuarto puesto a cuestas llegó un nuevo presidente: Mauricio Macri. Y la relación entre los dos fue tirante desde el inicio cuando el ahora directivo quiso recortar las primas del plantel por el cumplimiento de los objetivos deportivos y también frente a la llegada de Carlos Bilardo como entrenador.

Es que el DT estaba enfrentado desde el paso con Diego por Sevilla y, como demostró la historia entre ellos, terminó con un final feliz más allá de los vaivenes emocionales.

La ilusión duró poco y nada: Boca perdió el torneo en manos de Vélez y Maradona se retiró momentáneamente por 11 meses antes de un último retorno.

El vértigo al mejor estilo Maradona llevó a una aparición inesperada con Héctor Veira en el banco de suplentes y el nuevo «Dream Team» desde el arribo de Silvio Carrario, Sergio «Manteca» Martínez, Claudio Caniggia, Cristian «Kily» González, Alphonse Tchami y Juan Sebastián Verón, entre otros.

En el medio de esa temporada tuvo un doping positivo pero la sanción quedó en suspensión aunque Diego decidió retirarse el 30 de octubre de 1997 contra River, en una victoria por 2-1 en el Monumental. Maradona salió en el entretiempo y en su lugar ingresó Juan Román Riquelme, ídolo y actual vice «Xeneize».

Las peleas con Macri se agudizaron con el paso de los años, al punto que lo llamó «Cartonero Báez» -un testigo del juicio de Carlos Monzón por femicidio- porque gastaba poco y era muy austero.

Ni siquiera eso erosionó su amor por Boca, siempre firme en uno de sus palcos y el retiro se dio a finales del 2001 en La Bombonera y con la camiseta de su club puesta y el nombre de «Román» con la 10 en la espalda.

Más tarde apareció como asesor deportivo mientras en la presidencia continuaba Macri, e hizo una labor clave: eligió a Alfio «Coco» Basile como entrenador, una decisión que le trajo cinco títulos a Boca: el Apertura 05, el Clausura 06, la Recopa Sudamericana 2005 y la Copa Sudamericana de ese mismo año.

«El técnico tiene que ser Coco. Lo digo como hincha y como hincha del Coco, porque es buena persona y técnico. A Falcioni lo respeto pero no lo elegiría para Boca», dijo Maradona en ese entonces.

Así condicionó a los directivos, fiel a su estilo filoso, al tiempo que Macri apuntaba a Falcioni -lo llevó en 2011 con Daniel Angelici como presidente- y a Marcelo Bielsa para tapar el fracaso de la Copa Libertadores del 2005.

Esa fue la última vez que actuó de manera oficial dentro de la institución y luego se dedicó a ser hincha, ya sea de manera presencial o a la distancia desde Emiratos Árabes Unidos, México o desde cualquier rincón del mundo.

La vida le dio un regreso triunfal, como entrenador de Gimnasia y Esgrima La Plata y con La Bombonera a sus pies, poco antes de su fallecimiento. Maradona se mostró contento de los reconocimientos aunque se lo notó golpeado desde lo físico, caminó lento y apenas habló, eso sí: hizo un gesto de gallina al enterarse que Boca salió campeón esa noche contra su equipo.

Maradona y Boca sellaron su amor desde los primeros pasos del mejor de la historia. Su sueño se hizo realidad: dio una vuelta olímpica. Y se firmó a fuego hasta la eternidad.

«En Brandsen 805 y en cada hincha de Boca que pise este mundo, Maradona vivirá por y para siempre. Porque los grandes nunca se van. Buen viaje, Diego», lo despidió Boca el día de su muerte.

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